martes, 29 de julio de 2014

La voz polifónica de Ingrid Da

Una voz. Generalmente sólo se precisa eso para romper el aislamiento de la persona y devolverle a la certeza del mundo, a sus amores y compañías, también a las traiciones. Sólo una voz es necesaria, pero en ocasiones este requisito mínimo parece resistirse con tenacidad, dejando desvalido a quien persigue ese asidero de esperanza en la oscuridad inmisericorde del silencio no pretendido. Una voz, con eso basta. Y una voz es lo que presenta la poetisa Ingrid Da en Existencia a través del Infinito (LápizCero Ediciones, 2014), su primer libro de poemas. Nacida en Lituania en 1983, Da presenta en sus textos una polifonía que tiene que ver con su ecléctica vocación artística, tan pronto asentada en las seguridades de la prosa, como arrimada a la rítmica de la música, los pálpitos de su interpretación y este otro abismo abrasador del verso. Su rica voz se asentó para este título en poemas traducidos de su lengua natal y otros concebidos directamente en el idioma de España, donde reside desde hace varios años.



El amplio recorrido temporal de su producción poética (2002 a 2013) hace difícil aislar un único eje narrativo en este libro, armado sobre temas diferentes y guiños de muy diversa índole; hay en él, no obstante, una fuerte presencia lírica y una aspiración general a los absolutos del amor, la felicidad y el sosiego, así como un interés no oculto de la autora por el universo femenino, fruto de su empatía con las mujeres maltratadas. En algunos momentos, parece que Ingrid Da quisiera utilizar el árnica universal del lenguaje para sanar los recuerdos de quienes han padecido esa terrible infamia:

A veces podría ser la memoria  
una hoja en blanco. 
Levantarse por la mañana
sin recuerdos que cojean, 
sin ningún agravio, ni queja. 
(Hoja en blanco de la memoria)


La hibridación de su periplo personal ha alumbrado en esta poetisa un carácter mestizo, precipitado desde el hieratismo algo frío de su origen y salpimentado por la espontaneidad de los latinos, el pueblo con quien ha fundido su mirada cristalina. Este segundo componente se le revela con frecuencia en los textos, dejando entrever los pesares del camino y ese tributo de reminiscencia pessoana que todo autor rinde al texto en gestación:

Hay que sufrir 
para poder crear.
Fundirme en la añoranza 
hasta las simas 
de mi esencia 
tensando como una cuerda 
un dolor real. 
(No conozco todavía)

Las páginas se suceden en una indagación como la que la autora refleja en su poema Busca (¡Vete a la búsqueda, corazón mío! / El destino se te entregará / sorprendido /por tu paciencia) y van deteniéndose en los aspectos medulares de su vida, de la música en Canta, Canta (Canta, canta / pajarito de mi corazón / acerca de la libertad, de la certeza / para que vuelva la luz a tus ojos) a la maternidad en Gota a Gota (¿Sientes cómo es de importante tu risa en mi vida? / ¿Entiendes cómo es de importante crecer juntos / hasta que nos vayamos?). Todos esos poemas se adensan en una concentración de experiencias, estratificada por temáticas y pasiones y con puntales de gran acierto poético, como sucede en Somos Andróginos, probablemente la mejor composición del título:

Somos andróginos. 
Somos uno. 
Nos invadimos los espacios 
buscando colmar lo que jamás 
podrá ser completado sin equilibrio. 
Nos discutimos, 
odiamos, 
amamos, 
y no podemos más. 
Sin estar y estar.

Somos andróginos. 
Entrelazados por nuestro deseo 
de reencontrarse, 
de entregarse, 
siendo uno.

V


No hay comentarios: