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martes, 17 de junio de 2014

Con estos once se gana un Mundial

Es tiempo de Mundial, media humanidad vive concentrada en lo que suceda en Brasil, algunos con la esperanza de ver a su selección levantar la copa de campeones, y otros con envidia por no contar con un talento como el televisado dentro de sus orgullos patrios. Durante un mes, lo que ocurra en el país del fútbol tomará al asalto nuestras vidas, sin permiso ni medias tintas, la gloria o la debacle de esos jugadores se convertirá en un asunto trascendente en telediarios, periódicos y conversaciones de bar. Es posible intentar mantenerse al margen, y casi irrealizable conseguirlo; en el caso de la literatura, que procede de la vida y se aloja en ella, ese ejercicio de resistencia a ciertas realidades cuenta con frecuentes excepciones, ésta será una de ellas. Si hemos de ganar un Mundial, que sea con nuestros jugadores, estos once son mis seleccionados, con una única premisa, la de ser 'futbolistas' vivos y en activo; el resultado es un equipo con mi sello de autor, un conjunto favorito para vencer y dar espectáculo, organizado en un 4-2-3-1, que combina la imaginación con la solidez defensiva. Suerte a los rivales, nosotros plantearemos una hermosa batalla:

Portero: Mario Vargas Llosa. Como Buffon o Casillas aporta años de experiencia, brillantez técnica, reflejos y mando sobre la línea defensiva. El Nobel de Literatura, además, le sirve para intimidar a los atacantes rivales; cuando se ven frente al autor de La fiesta del Chivo o La guerra del fin del mundo, a los delanteros se les hace pequeña la portería.

Lateral Derecho: Rodrigo Fresán. En obras como La parte inventada ha demostrado su capacidad física para los partidos de largo recorrido, y en títulos como El fondo del cielo dejó patente su habilidad técnica para el regate y la lírica. Heredero de la tradición latinoamericana, en ocasiones se enreda en las subidas y se olvida de bajar, pero su aportación ofensiva le hace imprescindible.

Defensa Central: Enrique Vila-Matas. Probablemente, el gran referente de la literatura autorreferencial, y por eso mismo, un profundo conocedor del juego y sus variantes. Actuaciones como El Mal de Montano o Dublinesca le convierten en un jugador clave para la organización de la defensa. No es un futbolista rápido, pero eso lo corrige exhibiendo una soberbia colocación.

Defensa Central: Michel Houellebecq. Todos los grandes equipos necesitan un jugador contundente, y éste es el nuestro. Especialmente a partir de Las partículas elementales, ha repartido sin descanso ni acomodos; no cae simpático aunque tampoco lo pretende. Su función es la de sacar los colores al equipo rival, y a ella se entrega con pasión y descaro, sin concesiones.

Lateral Izquierdo: Alessandro Baricco. Pelotero de calidad excelente, con tantos años de deslumbramiento como frescura en su obra. Se dio a conocer con la sutil elegancia de Seda, y desde entonces no ha parado de maravillar. Sube la banda con frecuencia y lo hace dejando detalles de calidad constante, Océano Mar o Novecento todavía son recordadas en los campos rivales.



Mediocentro Defensivo: Roberto Bolaño. En 2666 demostró tener los pulmones que casi ningún jugador aporta y con Los Detectives Salvajes dejó patente su calidad en el inicio del juego. Es la pieza de unión entre los grandes genios de la literatura de Latinoamérica y sus nuevas generaciones, un renovador genial, valiente y generoso, que domina las claves del fútbol y conoce el oficio del 5.

Mediocentro Ofensivo: Paul Auster. Es un seguro de vida para los editores, el autor más fiable en cualquier país del mundo, con recursos, habilidad dialéctica y capacidad para seducir a los lectores allá donde pisa. La Trilogía de Nueva York le abrió hueco como creador de juego, y títulos como La Noche del Oráculo o El Libro de las Ilusiones le confirmaron como la pieza clave en la construcción ofensiva de todo equipo.

Interior Derecho: Javier Marías. Buen amante de la tradición, busca la cal sin descanso, dejando regates tan increíbles como Mañana en la batalla piensa en mí o Corazón tan blanco, y cabalgadas antológicas como la larguísima de Tu rostro mañana. Impredecible, combina a la perfección el academicismo con la calle: tan pronto anda por los salones de la RAE como planta a quienes le conceden un premio.

Mediapunta: Haruki Murakami. Aspirante anual al Nobel, el Príncipe de Asturias y casi cualquier galardón del mundo, sigue martilleando a sus rivales con sus ritmos infernales de producción y ventas. Crea personajes hipnóticos como los de Tokio Blues o 1Q84 y sorprende con fintas inesperadas: los habitantes de Kafka en la Orilla o su memoria atlética en De qué hablo cuando hablo de correr son una muestra de esa habilidad para sacar petróleo de la nada.

Interior Izquierdo: Eloy Tizón. Es el sello del seleccionador en el equipo, su debilidad desde los prodigiosos Velocidad de los Jardines y Parpadeos. Técnico, genial e imprevisible suple su habitual inconstancia con ramalazos únicos, sólo al alcance de los privilegiados de este deporte. El último de ellos, Técnicas de iluminación, todavía deja embobados a los laterales contrarios.

Delantero Centro: Philip Roth. Por encima de Klose, el único capaz de rebasar a Ronaldo como máximo goleador en los Mundiales. Un clásico imprescindible a quien, inexplicablemente y pese a golazos como la Pastoral Americana y El lamento de Portnoy, todavía se le resiste el Balón de Oro del Nobel. Lo obtendrá, no obstante, y sus goles en este campeonato serán el argumento que convenza a la Academia.

Que empiece el juego, nosotros daremos alegría y placer intelectual a los espectadores ;)

V

jueves, 15 de mayo de 2014

Surfear un maremoto

Quizás alguno de vosotros sepa surfear. Yo no, soy de tierra adentro, y mi riquísima experiencia con el agua apenas da con el perfil básico de bañista y tripulante náutico; las florituras atléticas, que tanta envidia me provocan, son para quienes cuentan con más pericia y entrenamiento. Sin embargo, cuando hace dos noches cerré La parte inventada de Rodrigo Fresán, tuve la sensación de haber depositado mis pies en la arena cálida, cosquilleante y amable, después de haber surfeado, no una ola, y ni tan siquiera esa monumental llegada desde la izquierda de Mundaka, sino de haberme mantenido en pie sobre un auténtico maremoto literario. Eso sí, me cuentan mis amigos los que son hábiles para asegurar el equilibrio sobre una tabla que nadie sale del mar sin mojarse, tampoco sucede eso con un libro de este autor.





La crítica lleva años tratando de encasillar a Fresán, y él, tozudo, juguetón, lleno de razones estilísticas, se ha pasado todo ese tiempo jugando al despiste con quienes pretendían su definición. Dicen de él que es el heredero de Borges, tal vez el nuevo Bolaño... ¡Vaya padrinos! Y, siendo cierto que en sus letras se regocijan muchas de las tendencias más clásicas o recientes de la tradición hispanoamericana, parece que Fresán va camino de acuñar su propia etiqueta; aunque sólo sea por joder a quienes no entienden a un tipo tan peculiar y multidisciplinar como para andar haciendo crítica de autores medio desconocidos en los días pares, e interpretando al cuñado de Hache en una peli de Aristaráin en los alternativos. Desde mi perspectiva, el argentino no se preocupa lo más mínimo de estos esfuerzos y sigue a lo suyo, escribir novelas que desbordan los términos clásicos y van más allá, que alcanzan la definición de río, y la superan, que se convierten en maremotos a duras penas posibles de surfear. Mantra, La velocidad de las cosas, Jardines de Kensington o El fondo del cielo son algunos ejemplos de esto. Especialmente la última, escrita a contracorriente de las identificaciones del autor y con un comienzo imposible de olvidar:

Te encuentres donde te encuentres, cerca o lejos, si puedes leer esto que ahora escribo, por favor, recuerda, recuérdame, recuérdanos así.

Lo último, ya digo, es una novela descomunal, irrespetuosa en su abundancia con los remilgos de las editoriales y los lectores vagos, que alude directamente a quienes estamos perdiendo los hábitos de la cultura en la sociedad hipnótica, hiperinformada, epidérmica, de la tecnología invasiva y absorbente. Es un viaje tumultuoso, con áreas situadas al otro lado del creador, jugando con los conceptos de la parte inventada de la ficción, y ese otro espacio real -e infeliz- de las existencias cotidianas. Una obra que moja, a todos, sin excepción ni consideraciones, tanto si uno es un lector, como si muestra su tendencia al área blanca, obsesiva, retadora, exhaustiva y extenuante de la escritura.

Para mí un escritor es alguien que vuela hasta las profundidades del universo, compite por algo, lo gana, y regresa con ello para iluminar un poco, apenas, la oscuridad. Pero sin que haga falta salir de casa.

V

PS: Recientemente, en Culturamas publicaron una entrevista a propósito de Duelos, aquí el enlace.

viernes, 21 de marzo de 2014

Un 'selfie' literario

Supongamos, entonces, que la gala de los Oscars fuera una fiesta de la literatura, así, con su alfombra roja, su glamour, sus nominaciones y hasta el discurso emocionado de los galardonados. E imaginemos que servidor se hace un De Generes y tira de 'selfie' junto a lo más granado de las letras internacionales; con dos criterios, el primero y principal, que sólo pueden ser premiados autores/actores que estén vivos (la inmortalidad de los no premiados es larga y bien nutrida); el segundo, el gusto y la ironía de quien escribe estas líneas. Así es la cosa. Ahora, revisemos la imagen más retuiteada de la historia de las Redes Sociales.



(En la foto, de izquierda a derecha y de abajo a arriba, Jared Letto, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Ellen de Generes, Bradley Cooper, el hermano de Lupita Nyong'o, Chaming Tatum, Julia Roberts, Kevin Spacey, Brad Pitt, Lupita Nyong'o y Angelina Jolie)

Ahí me tienen, un De Generes elegantemente vestido, quizás de blanco por qué no, los dos ganadores masculinos de este año se atrevieron con ese color, que se introduce en el patio de butacas y, entre escritores temblorosos que prefieren la soledad de sus mesas de trabajo al bullicio de los focos, me dirijo a autofotografiarme con uno de los grandes, una Meryl Streep de la literatura, Philip Roth, eterno aspirante al Nobel a quien la Academia, y casi cualquier lector decente, debe la reverencia de una obra inmensa, de valor y altura incalculables (Pastoral Americana, La Mancha Humana, El lamento de Portnoy...), un clásico en vida con quien cualquiera se quieren retratar. Y, claro, así pasa, todos a meterse en el plano:

- A última hora y empujando, llega Jared -Rodrigo- Leto -Fresán-, que sale premiado por su descomunal producción literaria, de Jardines de Kensington a La parte inventada, con especial atención a El fondo del Cielo. Y que, además, con su presencia, nos permite recordar a Roberto Bolaño y a Borges, de quienes se le proclama heredero. Él ha llegado apretujando -y pegándose a la lírica de sus curvas- a Jennifer -Luna- Lawrence -Miguel-, esa poetisa española que, pese a su juventud, tiene deslumbrado a medio mundo con joyas como La Tumba del Marinero.

- La foto la toma Bradley -Antonio- Cooper -Muñoz Molina-, que después de La noche de los tiempos, y como si sólo con El Jinete Polaco no hubiera suficiente, se ha hecho un hueco en el mercado norteamericano. A su lado se cuela un infiltrado, el hermano de Lupita Nyong'o, que resulta ser Alberto Olmos, así, a golpe de Trenes hacia Tokio, Ejercito Enemigo y demás, qué descaro el suyo. Valga la cosa porque viene acompañando al talento de Lupita -Alice Munro-, que ha metido el relato en la nómina de las Ligas Mayores gracias al Nobel de este año, como si fuera poco decir.

- Allá arriba, en el comienzo de la segunda línea, asoma la cabeza de Channing -Javier- Tatum -Marías-, que Rey de Redonda avalado por Tu rostro mañana, Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí, ya juega finales con Los enamoramientos. El pícaro de Xavier I se acerca sin disimulo a Julia -J. K.- Roberts -Rowling-, quien sin dejar de mirar a la cuenta de resultados de las súper producciones, ha transformado la vida de mucha gente con su Harry Potter.

- El matrimonio de Brad -Paul- Pitt -Auster- y Angelina -Siri- Jolie -Hustvedt- no podía faltar, en ellos está el summun del glamour literario; sin dudas sobre su calidad innegable, Trilogías de Nueva York y Elegías para un Americano mediante, por citar sólo dos y de patadón. Entre ellos asoma la cabeza Kevin -Mario- Spacey -Vargas Llosa-, que tiene méritos como para chupar plano, y el que lo dude, que vaya empezando por La fiesta del chivo, y si ve que tal, me escriba para protestar.

Ah, y por supuesto, estoy yo, qué coño; de momento, presentando...

V

PS: Por cierto, se quedó fuera de la imagen, pese a sus esfuerzos, Lisa -Almudena- Minelli -Grandes-, qué sofocón se habrá llevado, la pobre, con lo bien que se maneja en este tipo de saraos...