miércoles, 3 de abril de 2013

"Escribir es dejar de ser escritor"

A raíz del último post, sois varios los que me habéis preguntado por el excelente artículo de Enrique Vila-Matas del que saqué la cita para hablar de la parte del proceso literario que te zambulle en el infierno de las correcciones. Se trata de un texto antiguo, escrito hace varios años pero de fácil acceso a través de Internet, una joya por la que desfilan Oscar Wilde, Truman Capote, Scott Fitzgerald, Marguerite Duras y André Malraux, entre otros. Aquí os dejo el enlace para que podáis disfrutar con él, aunque para quienes tenéis menos tiempo, entresaco algunas citas imprescindibles:

Si bien es cierto que escribo para que me lean, con el tiempo he aprendido a completar con otras verdades mi sincera respuesta a la pregunta de por qué escribo. Ahora, cuando me hacen la inefable pregunta, explico que me hice escritor porque 1) quería ser libre, no deseaba ir a una oficina cada mañana, 2) porque vi a Mastroianni en La noche de Antonioni; en esa película -que se estrenó en Barcelona cuando tenía yo dieciséis años- Mastroianni era escritor y tenía una mujer (nada menos que Jeanne Moreau) estupenda: las dos cosas que yo más anhelaba ser y tener

Lo que en esos días yo no sabía era que para ser escritor había que escribir, y además escribir como mínimo muy bien, algo para lo que hay que armarse de valor y, sobre todo, de una paciencia infinita, esa paciencia que supo describir muy bien Oscar Wilde: «Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla.» 

Un escritor debe tener la máxima ambición y saber que lo importante no es la fama o el ser escritor sino escribir, encadenarse de por vida a un noble pero implacable amo, un amo que no hace concesiones y que a los verdaderos escritores los lleva por el camino de la amargura, como muy bien se aprecia en frases como esta de Marguerite Duras: «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.» 


V

PS: Y sí, sigo avanzando en el borrador de la novela; incansablemente, determinado, con lentitud, pasión y la esperanza de obtener un resultado final a la altura de mis propias expectativas.

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