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martes, 29 de noviembre de 2016

El pulso sin descanso. Tres años de 'Duelos'



Hoy se cumplen tres años de la imagen que encabeza este post; tres años del lanzamiento de Duelos en la Casa del Libro de Madrid, de la íntima satisfacción de que el libro con el que todo dio comienzo en Nueva York en 2008 llegara finalmente a los lectores. No lo hizo en primer lugar, como habría sido de justicia, y tal vez lo hizo en el último, de eso no podemos estar seguros en este momento, pero lo importante es que todos vivimos aquella noche de magia en la ciudad, y que su recuerdo, por inesperado, me ha abierto la espoleta de muchas sensaciones encontradas.

Desde entonces, nos ha pasado la vida, nos pasó la literatura -que todavía nos sigue pasando-, nos pasaron los desiertos, las muertes y ciertas felicidades, y al final aquí seguimos, tercamente fieles a lo que integra nuestra esencia última, incapaces de desprendernos de las moléculas que se entrelazan en nuestras neuronas y nos construyen, imperfectos, apasionados, únicos. Duelos es hoy, también Devuélveme a las once menos cuarto, que consiguió alargarse hasta los cuatro años, un recuerdo hermoso que ha ido abandonando las estanterías para hacerse un hueco en los almacenes, ya lejos del ruido y la atención, heroico en su determinación por resistir, valiente, determinado, frágil y duro.

Me di un par de años para largarme... Y mientras tanto... El pulso sin descanso, el pulso sin descanso... Planeta Sur

Cuando escaparon de mi poder las historias de Adzhed, Aleah, Olafur o esos samuráis hermosos y anacrónicos, La intemperie de la belleza estaba próximo a su final y el texto de los fractales se iba esbozando en mi cabeza con la lenta determinación de lo imparable. En el entretanto abismal entre aquel día de noviembre y éste, una constelación de minucias inabarcables ha ido sacudiendo los cimientos de mi universo, en algún rato, no lo niego, llevándome tan lejos del hecho literario como para sentirme hueco, enmudecido, inhábil o seco para seguir soñando historias. Sucede, no obstante, que hay circunstancias que uno no elige en su vida: no te es dado convertirte en alto o bajo, tampoco que un pulso sin descanso se mantenga constante en ti, haciéndose audible por encima de todo ruido o perturbación, esperando el silencio de la noche para atronarte con una verdad tan luminosa como liberadora: nada de lo que la rodea es literatura; no lo es ni tan siquiera el propio libro. Sólo el texto y tú lo sois.

Con tu permiso, o incluso sin él, éste es el momento, aún estamos a tiempo...


V

lunes, 1 de agosto de 2016

40

Quiero creer que la que abandono es sólo la primera mitad de mi vida, y que, por tanto, todavía me espera la felicidad de volver a vivir todo lo que ha convertido estas cuatro décadas iniciales en una experiencia imperecedera. Confío en que la nueva edad -tan mítica, tan temida, tan Nate- tenga los arrestos de superar el millón de momentos inolvidables que han hecho de los treinta un recorrido fructífero, gratificante y fortalecedor, un camino en el que, por fortuna, los desafíos han sido afrontados, y en la correcta combinación de los matices, superados. No diré que todo fueron alegrías, ni tampoco que no me dejé sueños, ilusiones o fuerzas en esa travesía de días, inviernos y largas caminatas bajo el sol, pero en el umbral último y plateado de sus años, puedo decir que los treinta merecieron la pena, que disfruté viviéndolos y que salgo de ellos fortalecido, curtido por las experiencias, maduro pero con hambre todavía, dispuesto a seguir porfiando porque los meses no me transiten la piel con la desidia fría de lo abúlico.

40. Desde este primer día de agosto ésta será mi edad, la iniciada por el cuatro, mi quinta década, un espacio en donde parece lógico suponer que seguiré afrontando momentos de cuya capacidad transformadora no podré sustraerme. No tengo miedo al futuro. Quizás en algún momento de mi vida sentí los vértigos de lo desconocido; ahora no, no me preocupa lo que está por llegar, me siento con la energía, la determinación y la mentalidad necesarias para hacer frente a cuanto se presente ante mi ojos; no desviaré la mirada, no rehuiré la pelea, nunca, jamás, me rendiré ante circunstancia alguna; todo lo viviré con la intención de apurar el trago de sus enseñanzas, transitaré con entusiasmo cada jornada y continuaré en la búsqueda constante de aquello en cuyas líneas consigo leerme, luchando por reconocer mi voz en cualquier cosa que me implique; sin temor a que mis huellas se reconozcan sobre el terreno.



30. Adiós a esa década imprescindible en la que ascendí peldaños que en ocasiones creí imposibles; en los treinta me marché a Nueva York para soñar los 'Duelos' que, casi cinco años después, vieron la luz en el tramo final de 2013; también escuché los estruendosos susurros de Martín, de Bruno y de Edna para escribir el 'Devuélveme a las once menos cuarto' que en 2012 me permitió culminar el tránsito improbable y mágico de la escritura. En este tramo de mi existencia, además, llegó 'La intemperie de la belleza', todavía en el malabarismo de las posibilidades, y ese otro experimento de fractales entre la realidad y la ficción de cuyo puerto de destino no tengo todavía la coordenadas; vinieron todos ellos, y las ideas que me fluyen y desvelan, el salto al vacío de la creación y su hambre pertinaz, sólida, tan adictiva como imposible de evitar, la inquietud constante, la insatisfacción permanente, el intenso placer del texto concluido. La cuarta fracción de mi vida está marcada por la literatura, pero sería impensable que ella hubiese desbancado a la vida: en este tiempo conocí la tristeza y el amor, me llené las pupilas de lugares prodigiosos y pisé escenarios que jornadas antes me era imposible aventurar; 33, 35, 38... las escalas de este viaje se me agolpan en la memoria con imágenes de amigos, experiencias, familia y conexiones mágicas, con el compromiso en azul que ahora inunda mis sentidos.

Paso, pues, por la estación dorada de los 40, pero lo hago para continuar con el viaje. Me podréis encontrar donde siempre, refugiado en la tranquilidad de un libro, con la percepción desaforada en los pasillos de un aeropuerto, disfrutando del placer de la comida o de la charla con amigos mientras compartimos una botella de vino; estaré refugiado en los callejones de la ficción y caminando con determinación por las avenidas amplias, luminosas, también concurridas y hasta caóticas, de esos escenarios impredecibles que son las existencias personal y profesional; daréis conmigo en los paseos, en las sonrisas, en la determinación por seguir adelante y en el compromiso por coronar cualquiera de mis potencias. Estaré en todos esos lugares, como siempre, con idéntica disposición para vosotros y el mundo; despierto, ilusionado, hambriento, satisfecho, comprometido con Víctor y urgiéndole para que consiga ser Víctor, mejorar a Víctor, retar a Víctor, superar a Víctor, querer a Víctor...

V

miércoles, 15 de abril de 2015

El resumen de una inolvidable noche de música y literatura



Las Lecturas en Concierto del Espacio Librería La Victoria fueron, como prometían, un encuentro mágico, en el que la música y la literatura conjugaron sus potencias creativas para hacernos disfrutar a todos (también a mí y al teclista, Manuel Rodríguez) de un diálogo inolvidable. Durante una hora, los personajes de 'Devuélveme a las once menos cuarto', 'Duelos' y 'La intemperie de la belleza' se hicieron presentes para 'tomar la palabra' ante quienes se la jugaron por este otro derby cultural. Un poema de Pessoa y la 'Continuidad de los Parques' de Cortázar vinieron en nuestra ayuda para que la jornada no resultara tediosa y el tono de lo leído alcanzara la altura de sus respectivos magisterios.



Entre los textos escogidos para esa noche inolvidable, causó una agradable sorpresa Eiryn, un relato publicado en la revista Paralelo Sur en el año 2005, y que recupero al final de este post a petición de quienes lo escucharon allí. Para ellos, y para cualquiera de vosotros al que le agrade acompañarnos de forma virtual, aquí está el resumen de esta primera experiencia de concierto.

V





EIRYN

Víctor Charneco


Nada sé del despropósito en que me he convertido. Ni siquiera por qué vivo obsesionado con Saint Patrick Street, con la ciudad de Cork y su halo de malditismo. Puede que fuera aquel barco hundido tras partir de sus muelles, el naufragio de un ostentoso modo de vida, o quizás sólo sea que la chica más enigmática que jamás he conocido siempre hablaba del prodigio de esta calle edificada sobre las aguas. Entornaba los ojos, y a través de las pestañas rojizas, podía ver cómo el intenso gris se empañaba de recuerdos. Asustada ante su repentina fragilidad, Eiryn encogía los hombros, como si quisiera esconderlos en su cuerpo menudo, y rehuía las miradas del resto. Jamás supimos que significaban las lágrimas esbozadas, los silencios sobrevenidos y esa terca determinación a que nadie violentara el espacio íntimo de sus miedos y pensamientos. A veces creo que sólo fuimos la zona cero de su nueva vida, las circunstancias sobre las que se propuso edificar una identidad sin mancha, para, desde ella, tratar de estrenar una existencia inviolada. Si así fue, con nosotros lo consiguió sin matices. Nadie podría decir de Eiryn nada más que era una chica irlandesa, puede que de Cork, o que al menos había residido allí una larga temporada, pelirroja, menuda, y que vivió un año con nosotros en Madrid. Apareció por el piso de estudiantes que compartíamos la mañana del 16 de septiembre del año 94, con un gesto a medio camino entre la extrañeza y la disculpa. Supimos que se había marchado la mañana del 16 de septiembre del 95, cuando nos levantamos para ir a comprar la comida de la fiesta de aniversario que queríamos preparar como sorpresa esa noche. Hace cuatro años, tres meses, dos días y tres horas del momento en el que, camino del baño, descubrí la puerta de su habitación abierta, la cama hecha, el armario y las estanterías vacíos, y un sobre solitario encima del edredón…


Incluso hoy, cuando reconstruyo lo que he dado en llamar el año Eiryn, recuerdo que, desde el primer día, me llamó la atención la facilidad con la que se sonrojaba y el precipitado enroque con el que huyó de las explicaciones. Escudada en su escaso dominio de nuestra lengua, apenas nos susurró su nombre y el país de su procedencia. ¿Estudiante?, preguntó Mateo con la despreocupación de su primer año en la independencia universitaria. “No… Sí… No sé…”, su respuesta. Con el jeroglífico aún vibrando en nuestros oídos, murmuró una disculpa y se encerró en la habitación.
Los primeros tiempos de su estancia en nuestro piso se configuraron como una huida permanente. Eiryn parecía aprovechar las rendijas de nuestras existencias para desarrollar la suya. Su presencia era como la de un espectro perseguido por las estancias de un monasterio, apenas unos pasos intuidos por el pasillo, o el crujido de una cazadora mientras salía a la calle. No comía con nosotros, jamás veía la tele en la sala común y escapaba a las calles cuando los demás regresábamos a casa. “El fantasma irlandés”, le puso Mateo, alargando en extremo el gracejo. Aunque es posible que, en el chiste, diera con la auténtica esencia de nuestra compañera.
Una ignota habilidad para detener fugas de agua fue el puente que me acercó a ella. La escena de una fría mañana de diciembre en la que la cisterna del baño no consentía en detenerse carece de la magia que se le supone a los hechizos de amor. Cumple, sin embargo, con la realidad de un encuentro que yo, intrigado por su enigma, trataba de propiciar en vano. Eiryn, abochornada por lo que consideraba un torpe estropicio, me pidió ayuda para abortar la fuga. Yo tomé su mano tendida y ya no la quise soltar nunca.

Desde ese día, me convertí en el cicerone de la joven pelirroja y en su atribulado profesor de castellano. Yo fui quien la acompañó a la academia en la que perfeccionaría el idioma y el que le señaló en las páginas salmón del periódico la oferta del empleo con el que solventó los costes de su estancia. Como una sombra querenciosa, también fui yo la persona que la esperó cada noche a la salida de la pizzería, incansable en la persistencia de mi fascinación por ella, para robarle sonrisas, perseguir confesiones y hallar espacios de confidencia. Esos momentos, en los que el sueño y la soledad la acosaban, eran los únicos en los que flaqueaba su celo vigilante. Sólo entonces, ante una pinta de Murphy’s –“Nada tiene tanta fuerza evocadora como esta cerveza, Joven Frodo”, sonreía- podía encontrar retazos deslavazados de su existencia. Esos ratos, como un sortilegio, me procuraban el deslumbramiento de un paisaje descubierto entre los retazos de una densa niebla.
En el invento de esas madrugadas habló de Cork, de Saint Patrick Street, de una vieja librería universitaria en la que se habían cimentado muchas de las cosas que siempre sería. Bajo las luces del pub, las irisaciones de sus ojos crecían vertiginosamente, convirtiéndose para mí en una espiral turbadora. Sus cabellos parecían inflamarse, como si la noche alimentara el fuego que en ellos habitaba, y el rostro, pálido y perlado de pecas, adquiría una luminosidad de cera encendida. “Allí me enfermé de literatura, Joven Frodo. En los libros de sus anaqueles curé mis arañazos superficiales y apliqué árnica sobre las heridas más profundas. Hay dolores que nunca sanarán, del mismo modo que hay recuerdos que siempre se mantendrán en la memoria, punzantes e insalubres como un reducto de pus bajo una costra cerrada en falso, pero en Holly Library recibí el oxígeno que me salvó de la asfixia. No quieras saber más, nunca me preguntes lo que exceda de lo necesario, tampoco quieras forzarme a confesiones que no deseo hacer. Vale con que entiendas que, real o imaginado, conocí el paraíso en una librería vieja y polvorienta, en el corazón de una calle edificada, como por ensalmo, sobre las aguas de un río”.
Sus palabras quedaban impresas en mi memoria alucinada y, si en mi mente inmadura se formaba un rechazo, Eiryn, experta en leer las arrugas de mi rostro, borraba los pesares con una caricia leve. Era un movimiento rápido, ágil y sabio, una suerte de absolución con la que lograba que la sonrisa volviera a mis labios dubitativos. “No sufras por mis aristas, Joven Frodo, nada tienes que ver con ellas. Las oculto para que nadie se lastime con sus cortantes ángulos. No tiene sentido hacer daño a quien sólo quiere ayudarte. Y jamás podría perdonarme llenar de fango un alma bella y valiente como la tuya”, decía.

Todavía hoy guardo en mi memoria la caligrafía meticulosa de su despedida. “Tengo que dejarte o no voy a llegar. Gracias por tu luz, por la mano tendida, por el corazón sincero. Perdóname por todo lo demás y sigue siempre en la senda de este enigma. Hay anhelos que justifican toda una existencia. Te extrañaré por siempre, Joven Frodo.”.

Joven Frodo, como la letanía de un epitafio, desde la noche en que me asomé al abismo de sus labios finísimos. “Eres como Frodo, como un Joven Frodo que porta el anillo entre el temor y la determinación, siempre ajeno a su enigma. Que daría la vida por defenderlo, pero que justifica esa vigilancia en la necesidad de su destrucción”, decía con la respiración aún entrecortada. Y yo, ciego de fulgores, asperjado de sueños, trataba de asumir ese bautismo novísimo. “Everybody hurts”, cantaban los REM en el suelo, desde el aparato escondido junto a la cama. Como una funesta premonición, el anticipo de un odio hasta hoy inalterado.
Apenas traspasé el círculo en tres o cuatro ocasiones, las suficiente para crear una complicidad falseada de amantes de largo recorrido. La necesaria para que, amenazada en su reclusión, Eiryn corriera al retiro tras cada encuentro. A una noche de pasión, invariablemente, le seguían días de mutismo, de excusas y huidas apresuradas; jornadas de enfado consigo misma, como si no pudiera perdonarse el desvarío. Antes, sin embargo, se había entregado a un ritual de abandono y ferocidad, en una transfiguración en la que parecía aferrarse a la única parte de sí capaz de sentir y expresarse con libertad. Ahora pienso que sólo entonces escuchaba el latido de su corazón. Quizás en contra de su criterio.
Eiryn se marchó una mañana de septiembre, sin más palabras que las escritas. Dos madrugadas antes, la última vez que consintió en mirarme a los ojos, me dejó la pista sola de su huida. “Pase lo que pase, no tienes por qué sentirte mal”. Luego me dio la espalda, urgiendo un abrazo en el que pareció empequeñecerse. Y lloró. Lágrimas discretas, llanto sordo, casi imaginado para mí. Entonces, estúpido en mi ignorancia, no supe si debía sentir halago o temor. Hoy sé que la cuerda se había quebrado para siempre.

Tardé varios meses en asumir su marcha. Enganchado a un enigma que se había apoderado de mi voluntad, fui incapaz de valorar la pérdida. Luego, con la arrogancia de la juventud, me convencí de que regresaría suplicante, también de que podría vivir sin ella. La sugestión me generó un espejismo largo e intenso como la euforia de una droga de diseño, del que sólo caí años después. Una mañana de sol, ante el espejo, la verdad de mi insípida existencia me provocó una nausea seca. Como en una ducha frenética, me sacudí a Celia, a mis padres, el trabajo de autómata y la propia Madrid. Malvendí, regalé, metí en una bolsa lo básico y me embarqué hacia Cork.
He perdido la cuenta del tiempo que rastreé pistas entre los títulos de Holly Library, de los meses de  vagabundeo por esta calle a la que no encuentro la magia. Llegué a Saint Patrick Street cargado de ilusión, pensando que al doblar la primera esquina me encontraría con Eiryn, y ahora no hallo en sus adoquines más que la aletargante rutina de lo desconocido, un insoportable tedio por lo inalcanzado, y este hedor de las aguas corrompidas a sus pies. Puede que sea la reiteración de esa fetidez por la que perdí los nervios, o tal vez sólo quisiera borrar el único dato cierto que me dio en su vida. Quemada la librería, ni yo mismo podría negar que todo fue la invención de mi mente. Un buen sueño de una noche de septiembre, puede que una pesadilla…                

jueves, 2 de abril de 2015

La música de las palabras

Escribir es un intento de hacer música con las palabras; quienes jugamos con el lenguaje perseguimos su ritmo interno para tratar de conseguir que la narración alcance un cierto tono melódico, que se deslice con la suavidad de una canción mientras cuenta su historia, y que además, tenga la capacidad de alterar su partitura dependiendo de si la temática es amorosa, lúgubre, sangrienta o atribulada, de albergar texturas de rock o susurros de jazz. Sentados ante nuestros escritorios, jugamos con balanzas que pesan la semántica y la contraponen con la fonética para conjugar esos dos elementos en la persecución de una alquimia tan difícil como hermosa; en las estela de los poetas, concluyo, únicos en poseer el prodigioso don de aunar turbiones de sentido y música en una línea breve y certera de palabras.

Quienes escribimos perseguimos la música en el lenguaje porque no nos fue concedida esa otra habilidad sublime, la de conseguir la música en sí misma, el talento para conjugar los sonidos y convertirlos en la banda sonora de las vidas de otros. Caminamos cercando los pasos de la música y muy raramente alcanzando su variedad de palabras, soñando con que, quizás, algún día nuestro lenguaje pueda verse transformado en ese otro, convertido definitivamente en ritmo y sonido. Lo anhelamos con la certeza de su (casi) imposibilidad, sin esperar que las circunstancias nos regalen una oportunidad tan hermosa como ésta: el Espacio Librería La Victoria me ha invitado a formar parte del ciclo 'Lecturas en Concierto', en el que el teclista Manuel Rodríguez pondrá música a algunos de mis textos (14 de abril a las 20 horas). 'Devuélveme a las once menos cuarto', 'Duelos' y otros inéditos como la novela 'La intemperie de la belleza' se volverán entonces sonido, también contaremos con ilustres 'invitados', ¿nos acompañaréis en una cita tan especial?



Porque la literatura es otra forma de hacer música, que inspira a la música o recibe de ella ese soplo mágico e imposible de identificar cuando el viento parece echado y calmo, la mar plana y el latido ausente; es el empujón determinante que me sirvió para crear la voz trastornada, ególatra y reduccionista de la segunda mitad del 'Duelo de Amistad' a partir de 'El viaje de Chihiro' de Iván Ferreiro.



V

jueves, 26 de febrero de 2015

¿Por qué escribir?

La cosa viene a partir de este post del escritor, y amigo, Fernando J. López, en el que reflexiona sobre las razones que llevan a una persona a embarcarse en el proyecto apasionante -y, sin duda, agotador- de la literatura. Ese abanico de 'a pesares' que él salta para alcanzar la razón última, e íntima, de su vocación de escribir me ha servido a mí como un estímulo para reflexionar acerca de mis motivaciones. Éstas son algunas de ellas, de la mayoría, imagino, ni yo mismo soy consciente:

- Por Bruno, Martín, Edna, Adzhed, Mishima, Olafur, Martín, Aleah, Volta, Tasha, Hernán, Belén, Calantha, Olaizola, Lucas o Ranchal; por todos los personajes que, si yo no me sentara a inventar, nunca llegarían a existir. Por los que ya están gestándose en mi imaginación, aunque todavía no lo sepa, por el deslumbramiento de descubrirlos.

- Por el placer de contar historias, ancestral e imprescindible para hacernos más habitable el mundo. Por continuar con la senda de narraciones en la que me embarcó mi abuelo Víctor, un fenomenal contador de historias que jamás dejaba a su auditorio indiferente. Porque seguir su camino es un modo de honrar su memoria.

- Porque escribir es otra forma de leer, quizás de leerse a uno mismo en lo más profundo de su sensibilidad y razones, de añadir luz donde habitan las sombras. Y yo, esencialmente, soy un lector.

- Por la magia de los libros y el sueño cumplido de verse como autor de uno de ellos; y porque pocas cosas me han emocionado tanto como el día que recibí la caja con los primeros ejemplares de 'Devuélveme a las once menos cuarto'. Esos minutos de soledad todavía palpitan en mi recuerdo; lo harán por siempre, pase lo que pase.



- Porque aunque ya he cumplido con 'Devuélveme a las once menos cuarto' y 'Duelos', aún no he conseguido llevar al lugar que merecen a 'La intemperie de la belleza' y ese otro manuscrito para el que todavía no tengo un nombre.

- Por ese nombre que está por llegar, y el texto original que se va formando ante mis ojos; por el prodigio de la creación, que convierte deseos en realidades, desmintiendo las fronteras que nos imponemos, haciéndonos grandes en la consecución de objetivos, llevándonos más allá de nuestros límites.

- Por esos lectores a los que nuestro esfuerzo ha servido de algo, para seguir aportando intangibles a las vidas de aquellos para quienes conseguimos un instante de emoción, deleite o clarividencia. Porque todo texto de ficción está destinado, al menos, a cumplir con las expectativas de una persona, y a ésa no debemos fallarle.

- Por la cultura, para seguir acrecentando el acervo que nos enriquece y dignifica, porque cada producto cultural supone una mejora en la condiciones de vida de la Humanidad. Y de forma muy especial, porque cuando un artista hace la apuesta de dedicarse a sus creaciones está siendo un valiente que se juega cuanto tiene por una idea, no importa cómo de alocada pueda ser.

- Porque sueño, y se lo tomo prestado a Léolo, yo no lo estoy... O quizás sí, pero soñar es una parte irrenunciable de mi experiencia del mundo, un desvarío del que no quiero prescindir. Y porque escribir es una parte de ello, la parte principal y más importante de todo ello, algo sin lo cual no sería yo mismo, que me define y completa.

V

jueves, 6 de noviembre de 2014

De Periodismo y Literatura en 'Calle Ficción'

Lo cierto es que esta cita no puede llegarnos en un momento mejor; llevamos ya algunos meses sin vernos, y no es bueno que un autor esté lejos de aquellos para quienes escribe, que no sepa cuáles son sus opiniones, los temas que les preocupan o las pasiones para cuya satisfacción no encuentran una vía de cumplimiento. No es lógico ni sano ni justo, ni siquiera recomendable, que nos mantengamos por más tiempo sin tener un encuentro, aunque sólo sea para tomar algo, o precisamente para eso...



La oportunidad, en este caso, nos la darán el Centro Cultural La Victoria y la persona al frente de la organización de este ciclo de encuentros de 'Calle Ficción', el escritor Edgar Borges; conversaremos sobre Literatura y Periodismo, acerca de los exiguos límites que -de persistir- separan ambas disciplinas del oficio de los que escribimos; y lo haremos con el director de Todoliteratura, Javier Velasco. Será el próximo viernes, 14 de noviembre, a las 20 horas, y contamos con vosotros, ¿no? Podéis estar seguros de que pondremos todo nuestro esfuerzo para que vuestro viernes comience de la mejor manera posible; pero no será igual, por mucho que lo intentemos, si no aportáis el inmenso intangible de vuestra compañía, ¿venís?

V

lunes, 6 de octubre de 2014

La alegría de un libro vivo

Duelos cumplirá un año en el mercado el mes próximo; a finales de noviembre de 2013, en Madrid, presentamos ese volumen de relatos sin el que nada de todo lo demás habría sucedido. Desde entonces hasta aquí, el libro ha peleado cada lector y centímetro de exposición en las librerías con la furiosa convicción de quienes han de luchar hasta la extenuación por hacerse con el lugar que les corresponde. En este tiempo ha pasado por altibajos, teniéndose por perdido u olvidado en algunos momentos, y paladeando el voluptuoso sabor del reconocimiento en otros; como traía impreso en su código genético, nunca se perdió la fe, jamás abandonó el combate y ni en un solo momento se dejó ir tras nuevas convicciones, igual con las del éxito que con las del fracaso.



Así es la vida de un libro y poco puede hacerse contra una fuerza de tanta consistencia: el mercado, sus novedades, la irrupción de vigorosos talentos, y la propia dinámica de los lectores ansiosos de nuevas historias terminan por llevarse un título lejos de la atención de todos; incluso a los autores más afamados les ocurre este injusto apartamiento. Por eso, un escritor valora tanto más una crítica de su obra cuanto más lejana se encuentre del punto de su lanzamiento; no porque tenga un valor superior y ni tan siquiera como una recompensa para su ego de creador en ese momento desatendido, sino porque significa que el libro sigue vivo, llegando a nuevos lectores, seduciéndoles con sus historias y consiguiendo convencerles de sus virtudes.

El otoño me suele esconder tesoros entre la hojarasca, calideces capaces de alejarme de los fríos ariscos de la meteorología o la vida -en ocasiones de ambas, a veces con pertinacia un tanto psicópata-. Hoy ha sucedido de ese modo con esta reseña de Libros y Literatura, de cuyas palabras se desprende una valiente, positiva y muy generosa lectura de Duelos, ¿la compartís?

V

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Entrevista sobre 'Duelos' en 'El Marcapáginas'

El viernes pasado tuve el placer de conversar sobre Duelos con David Felipe Arranz en el programa El Marcapáginas de Gestiona Radio. A él le agradezco su atención, la precisa lectura que hizo de la obra y su generosidad a la hora de mostrarla a los oyentes de su cadena de radio; y para quienes estéis interesados en ella, aquí podéis escuchar la entrevista:




V

miércoles, 16 de julio de 2014

Una Medusa única, valiente y hermosa

Un artista da la medida de su grandeza cuando es capaz de desmentirse en cada uno de sus trabajos para derribar sus límites y aspirar a una belleza superior, en los momentos en los que abandona ese tópico de la zona de confort y emplea su dominio de la técnica y el conocimiento del oficio para tratar de crear una obra más elevada. Un artista consigue emocionarme con su valentía y compromiso cuando tiene la osadía -¿o quizás es locura?- de abrir puertas; no sólo de abrírnoslas a los receptores, sino de traspasarlas él, de enfrentarse a la inmensidad de lo desconocido y obtener una respuesta de su sensibilidad, de desvelar la entrada a una dimensión nueva y desafiante. Este privilegio lo he encontrado recientemente en el trabajo literario de Agustín Fernández Mallo y tengo la suerte de disfrutarlo con frecuencia en la escultura de David Rodríguez Caballero; el pasado domingo viví el deslumbramiento de dar con ello en la fascinante -histórica- Medusa que Sara Baras y José Serrano alumbraron para el Festival de Teatro Clásico de Mérida.



La idea parte de la arriesgada decisión del director del Festival, Jesús Cimarro, de encargar a una compañía flamenca una representación 'teatral'; y del talento de Sara Baras para reinventarse y aceptar el reto de contar una historia bailando, de desbordar su extraordinario uso del lenguaje y, gracias a ello, ser capaz de inventar una nueva forma de expresión: narrativa, contenida, rica, diferente, un espectáculo único después del cual se abre ante ella un escenario nuevo y estimulante, que nos deja a los demás en el abismo de una pregunta: ¿Cuáles son los límites -si los hay- de estos bailaores y su compañía? ¿Hasta dónde pueden llegar Sara Baras y José Serrano si siguen explorando esta nueva vía, que combina las artes y es capaz de seguir haciendo flamenco mientras elimina el quejío del cantaor para sustituirlo por la riqueza expresiva de un actor (del matizado e impagable Juan Carlos Vellido, en esta ocasión)?

Nada más salir lo dije en una red social, todavía encendido por la insuperable hermosura de la función: hay veces en la vida en las que tenemos la suerte de presenciar cómo alguien peina el viento, acaricia la luz y toca la esencia de lo infinito; así lo hicieron ante mis ojos Sara Baras y José Serrano, en el marco sabio y milenario del Teatro Romano de Mérida. Hoy afirmo mucho más, reforzado en la certeza de haber presenciado un momento mágico, la conjunción de un elenco de artistas en estado de gracia, que dominan su arte y son capaces de llevarlo a los terrenos de otro, de enriquecerlo con un sello personal que se abre camino hacia la universalidad, de convertirlo en la ensoñación de lo inmortal. Quizás tengáis la posibilidad de verles en la gira que pronto comenzarán (y de cuya ampliación no me que quedan dudas una vez vistas la unanimidad del público y la crítica), eso os brindará la posibilidad de tocar la hermosura a cambio de unos pocos euros; hacedme caso y comprad la entrada, sentaos en la butaca y libraos de cualquier prejuicio, sólo dejad ser a vuestros sentidos. Cuando concluya Medusa sentiréis que sois alguien diferente, más rico, dulcificado por el arte y mejorado por él.

V

PS: Sara y José suman, además, la virtud nunca suficientemente valorada de ser personas accesibles, sencillas, generosas, sensibles y llenas de cariño. Un matrimonio implicado en causas solidarias como la de Mi Princesa Rett, a quienes tengo el orgullo de contar dentro de la familia de amigos de Devuélveme a las once menos cuarto y Duelos. ¡Gracias a ellos por todo!


jueves, 1 de mayo de 2014

De la primavera entre Sevilla y 1999

Y la primavera va siguiendo su curso, abandonado el mes más cruel de Eliot, y metiendo ya los pies en el mayo que se nos convertirá en la certeza del verano con rapidez y eficacia, en esa dinámica de días, semanas y meses a la carrera que se nos lleva la vida entre anhelos y esfuerzos. La temperatura se ha suavizado, el sol remolonea en alféizares y terrazas, y hay quien, en la recompensa de sus rayos, olvida el sacrificio de ese invierno largo, intempestivo, que para otros amenaza con hacerse eterno. Así somos, puro presente, un olvido sistemático y sabio, la conciencia de que es imposible retenerlo todo en la memoria; que tampoco sería sano consagrarse al dato añejo, superado, encadenarse a lo pasado y convertirlo, en la estupidez de su reiteración, en un muro imposible de franquear.

La estación optimista es una realidad, y yo me marché a vivirla en Sevilla, recuperando las sensaciones de esa ciudad hermosa y de sus gentes amables, que tan bien han tratado a mis obras; en esta ocasión volvieron a arropar con su cariño la presentación de 'Duelos'. Por sus calles sentí la verdad de este tiempo y pensé que valía la pena aferrarse a él, ser ese presente único y feliz, abandonarse a la risa y la despreocupación como si fueran el territorio al que uno ha pertenecido desde siempre. A esa decisión me condujo además la generosidad de los compañeros del Diario de Sevilla, que acunaron a mi libro entre sus brazos, aunque también para ello me dieran un pequeño empujoncito para arrimarme a la cuarentena ;)



Los días pasan y el trabajo literario sigue adelante, sistemático, paciente, con un punto de fe en lo artesanal, sin conceder espacio ni tiempo a las dudas o el resultadismo; sólo voluntad y afán de superación, compromiso con la obra y apuesta por la belleza. Un universo de sensaciones que, desde hace un par de días, se mece al ritmo de esta deliciosa versión de 1999.

V

miércoles, 23 de abril de 2014

Celebrad al libro en García Márquez

Tenía pensado un post para hoy desde hace varias jornadas, ésta es la semana más sencilla para eso de todo el año: apenas se necesita un poco de fondo de armario, ciertos tópicos no necesariamente originales sobre la literatura y algo de buenismo proselitista; e iba a salir bien, porque yo amo los libros y la sinceridad siempre se le transparenta a los autores en sus textos, y también gracias a vuestra disposición a celebrar una fecha tan señalada: el Día del Libro, la gran fiesta de Sant Jordi, la conmemoración de los dos autores más inmortales de la historia universal de este género -Shakespeare y Cervantes, quiénes si no-. Total, que en esas me andaba cuando las noticias nos azotaron con la muerte de Gabriel García Márquez, probablemente (y que Borges y su legión me perdonen) el tercero imprescindible para esa dupla, tal vez con necesidad de foto finish en calidad literaria (que probablemente tampoco), sin duda alguna en capacidad de influencia y globalización de la letras.

En los últimos días ya se ha dicho casi todo del genio de Aracataca. Y en esa aproximación al absoluto también caben los excesos, las imprecisiones, los tópicos, e incluso las tonterías, que nos los han repartido a paladas; su indudable talla de autor no ha dejado indiferente a nadie. Y no es mi intención repetirme sobre la magia de Cien años de soledad, porque incluso desde mi devoción por esa obra, no es mi preferida de entre las suyas, ni quizás la mejor: en Crónica de una muerte anunciada, sin ir más lejos, hay un dominio de la técnica y el lenguaje tan prodigiosos como pocas veces se ha visto. Gabo -también este diminutivo de su preferencia parece molestar a los más críticos- lo ha sido todo en la literatura: autor de obras inmortales, creador de estilo y tendencias, dinamizador de la cultura y el lenguaje latinoamericanos, periodista de raza, hombre de cultura, humanista de presencia global, generoso con sus coetáneos, un escritor irrepetible, ese gigante que, por tenerlo tan cerca, todavía algunos no saben situar en el lugar de la Historia en el que ya se asienta.



Ahora llevaba años sin escribir, la salud, la memoria o cualquier tipo de agotamiento propio de su vejez se lo habían llevado de la mesa de trabajo; hay quien consideraba su silencio un preámbulo de su desaparición, para mí, no obstante, el latido en el cuerpo del mito mantiene siempre la esperanza de un texto nuevo, el calor protector de su inmensa sabiduría. En esta hora sí para siempre, su cerebro se ha apagado y con él se marcha una voz que, en medio de esta honda negrura, ejercía de faro tranquilizador; nos deja, en cualquier caso, Macondo, a los Buendía, el Coronel y tantos otros, un océano de horas de felicidad lectora. Por eso, en este 23 de abril, Día del Libro, es de justicia que celebremos a García Márquez, leyéndole o teniendo un recuerdo hacia él, que tanto ha hecho por los libros en el último medio siglo; yo lo hago desde este rincón que le debe buena parte de su vocación y su esencia, mientras reservo mis fuerzas para dedicarle el festejo definitivo de la presentación de 'Duelos' en La Mercería de Sevilla el próximo viernes.

Lo dicho, Maestro, buen viaje hacia la eternidad y muchas gracias.

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jueves, 10 de abril de 2014

Abril nos llevará a Sevilla

El día del libro, tan importante en la génesis de 'Duelos', se acerca vertiginosamente; en apenas dos semanas, la gente se echará a las Ramblas de Barcelona a festejar la cultura y a centenares de avenidas en España para rendir pleitesía a uno de los elementos más importantes -quizás el que más por encima de cualquier invento tecnológico- en la evolución de la Humanidad. Yo esta vez no festejaré a Sant Jordi en la capital catalana, sino que reservaré mis energías para compartir mis experiencias en la presentación de 'Duelos' que tendrá lugar dos días después, el viernes 25, en Sevilla. Regresar a la ciudad hispalense es un motivo de satisfacción, ya que en ella la segunda edición de 'Devuélveme a las once menos cuarto' tuvo una gran acogida de público, medios de comunicación y ventas. Será en abril, en esta ocasión, con el apadrinamiento del periodista Juan Jiménez, y en el mismo lugar donde tuvo lugar mi primera comparecencia como escritor en esta ciudad, el café cultural La Mercería, un espacio al que ya me une una relación especial, de agradecimiento y pertenencia. ¿Nos acompañáis en ese abril de sol, azahar y casi Feria en Sevilla?



Y mientras llega esa cita, 'Duelos' sigue recibiendo el cariño de los lectores y los medios de comunicación; el último en sumarse a la familia de quienes ya se han interesado por las vidas de Olafur, Aleah, Adzhed y demás compañeros es el periodista Juan Ramón Lucas. Gracias a él por su generosidad de lector y su magisterio profesional.




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jueves, 27 de febrero de 2014

Anson sobre Duelos

Con sorpresa -y retraso- descubro el 'zig-zag' que el miembro de la Real Academia Luis María Anson le dedicó a 'Duelos' la pasada semana en El Cultural. Gracias a él por su generosidad con mi obra y por insuflarme ánimos en la antesala de la visita a Pamplona.

El Cultural


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martes, 25 de febrero de 2014

Camino de Pamplona y en Ritmos XXI



En algo más de tres días estaré en Pamplona, presentando Duelos ante un público nuevo, desconocido para mí como autor y ante el que me siento muy responsabilizado. La alegría de llevar tu obra a nuevos territorios también tiene este otro punto de preocupación y seriedad: es esencial cumplir con el escenario y los acompañantes -tanto el presentador como los asistentes-, responder a la generosidad de su acogida con literatura y brindarles un rato de entretenimiento capaz de acercarles a los libros. Así lo intentaré yo en la tarde del próximo viernes; tenéis mi compromiso. Y mientras culmino los recodos del camino hasta Navarra, os dejo una entrevista que publican hoy los compañeros de Ritmos XXI.

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martes, 18 de febrero de 2014

Una semana para vernos en Elkar

A una semana para la presentación en la librería Elkar de Pamplona (viernes 28, 19 horas), podemos anunciar el nombre de quien nos hará el honor de acompañar a 'Duelos' en su llegada a una tierra a la que tengo tanto cariño como es Navarra. La introducción del libro correrá a cargo de Juan Ramón Corpas, escritor y hombre renacentista que acumula en su currículum no sólo más de una veintena de obras de casi todos los géneros posibles -poesía, narrativa, ensayo, teatro y hasta guión-, sino experiencias en la gestión cultural y política, además de una larga carrera profesional como médico. Sus palabras sobre literatura serán, a buen seguro, sabias y certeras.

Así que ya sabéis, si alguno está -o puede conseguirlo- el viernes de la semana próxima en Pamplona, le esperamos para una velada de palabras y amistad.




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jueves, 6 de febrero de 2014

La vida de un libro

A menudo, la gente de mi entorno -y de un modo especial quienes han llegado a él después de mis publicaciones- me pregunta por el proceso de gestación de un libro. En todos -también está en mí con otros artistas, sean escritores, músicos o escultores- genera una expectación deslumbrada cómo sucede su advenimiento: de dónde surgió la idea, cuándo, la motivó alguien, es biográfico, cómo te ganas a la musas... las preguntas se acumulan, y para muchas de ellas ni siquiera el autor tiene una respuesta concluyente. En ocasiones el proceso es hermético incluso para quien está poseído por él; apenas te conviertes, en esos casos, en el catalizador de algo que sucede en algún lugar de tu subconsciente, un impulso de energía que te utiliza como vehículo transmisor de un fenómeno más grande y hermoso. Pero es normal que despierte curiosidad, como digo, también yo persigo los mecanismos y motores que ponen en marcha a otros.

Pocos se preguntan, no obstante, qué sucede en la vida de un libro; y no me refiero a su gestación, sino a todo aquello que tiene lugar cuando está impreso y es un tomo independiente de la voluntad de su creador. Ahí comienzan a jugar factores que escapan a tu voluntad y que dejan esa obra a merced de fuerzas desconocidas o incontroladas: los lectores, las librerías, los distribuidores, los medios de comunicación, los críticos y hasta el azar toman el protagonismo. El autor pasa en ese instante a una situación de debilidad, su libro (ahora hablo sólo de mi caso) se enfrentará al mundo sin su intermediación; no hay protección posible, ni tutelas que mitiguen los golpes, se dará la magia de la comunicación directa con el receptor; y funcionará o no. No hay más.

Y es entonces cuando vosotros, quienes parecéis -y quizás incluso lo sintáis- estar al otro lado del cristal, tomáis un protagonismo del que quizás no sois conscientes. Porque es en ese momento cuando el libro -así fue con 'Devuélveme a las once menos cuarto', así empieza a ser con 'Duelos'- está en vuestras manos, enteramente dependiente de vosotros, que decidiréis si os sumergís en su lectura, lo recomendáis, regaláis o promovéis en vuestros círculos de influencia; si le dais un lugar en vuestro mundo. Por eso, cuando uno recibe el cariño de un medio de comunicación como 'Ahora Zafra' - que cuenta con la fuerza incontestable de pertenecer al ámbito íntimo y estremecedor de mi vida personal y familiar-, y al mismo tiempo, el testimonio de una lectora que disfrutó el viaje y te escribe para contarte sus sensaciones, encareciéndote sólo en una dirección -que sigas escribiendo-, el círculo se cierra en una perfección difícil de expresar. Hoy ha sido un día de esos, y su consecuencia más directa es que mis dedos navegan las teclas de mi portátil sin dejar espacio al cansancio o la desidia. Muchas gracias por ello una vez más: os debo este impulso.



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domingo, 29 de diciembre de 2013

Un año lleno de vida

La de los balances es una de nuestras costumbres más repetitivas y, tal vez, innecesarias. Nos pasamos la existencia creando compartimentos falsamente estancos que cerramos y analizamos con intención de obtener conclusiones, sacar pecho de nuestros logros o enterrar en su malecón ya abandonado lo que consideramos una mala racha definitivamente superada. La realidad, sin embargo, es que durante la continuidad ininterrumpida de nuestro trayecto vital en muy pocas ocasiones nos encontramos con un verdadero punto sin retorno: la muerte de alguien, un cambio de país de residencia o el áspero extrañamiento de una ruptura son algunos ejemplos de ese momento transformador. Para el resto del tiempo, cada día -también el primero de enero del año entrante- es tan solo una prolongación del anterior, un ciclo solar en el que no caben determinismos de finalización. En cualquier caso, a veces es divertido entregarse al resumen, aunque sólo sea porque el ejercicio nos obliga a someter a una revisión crítica la actividad de nuestros últimos meses. Aquí va mi 2013:

 - Lo imprescindible es que se trató de un año lleno de vida que, como todo lo que atañe a nuestra débil condición humana, tuvo momentos de fango y brillos de oropel. Atravesamos un invierno nuclear y, como el niño de 'La Carretera' de McCarthy, nuestra naturaleza fue capaz de acercamos hasta las costas de la esperanza y la primavera que ahora cabrillea en torno a nuestros tobillos.

- "Me hecho más frágil, me he hecho más triste, me he hecho más temeroso, me he hecho más escéptico, me he hecho más viejo", dice Giralt Torrente en su 'Tiempo de Vida', y es una definición certera de lo que nos ha sucedido a la mayoría en este tiempo. Pero también, es de justicia incluirlo, nos hemos hecho más sabios, hemos visto más mundo, conseguimos seguir amando, nos hemos emocionado con amigos y parejas, comimos manjares increíbles entre grandes carcajadas y nos bebimos una porción gustosa del mundo. Nuestro equipaje incorpora algunos arañazos de experiencias nuevas, y por eso mismo, ya valió la pena.


- Hemos enriquecido nuestras vidas con personas hasta ahora desconocidas, llegadas desde lo cercano o surgidas a partir de la lejanía; ellos nos ampliaron los horizontes e incrementaron el patrimonio inmaterial de quienes somos con sus conversaciones, afectos y vivencias. También nos dejamos a algunos, en ciertos casos con pesar, en otros -aunque eso quizás todavía no lo sepamos-, con el alivio de habernos aligerado de su peso desleal y mezquino.
- Entregamos muchas horas a leer, para descubrir con deleite páginas e historias que nos hicieron mejores. 2013, para mí, es el año de 'Stoner', de John Williams, del 'Baile de Máscaras' de José Manuel Díez, y de 'Duelos', que cinco años después de haberme crecido entre las manos se ha hecho un hueco en mi estantería (afortunadamente también en otras) junto a 'Devuélveme a las once menos cuarto'.
- En el año que se marcha descubrimos 'La Gran Belleza' de Sorrentino, 'Blue Jasmin' de Allen, 'El Consejero' de Scott/McCarthy, 'La vida de Adèle' de Kechiche, 'Gravity' de Cuarón, y sobre todo, el 'Searching for Sugar Man' de Bendjellou, que nos regaló la figura de Sixto Rodríguez y su música magnética.
- Pero, por encima de cualquier otra consideración, con heridas o sin ellas, extenuados o necesitados de más batallas, 2013 nos ha dejado en pie, aferrados a nuestro latido, con proyectos por realizar y millones de palabras dispuestas para ser pronunciadas, llenos de curiosidad y expectativas, capaces de la ilusión y la valentía. Vivos. Como si fuera poco.



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miércoles, 18 de diciembre de 2013

La intervención en Madrid y reseña en Diez Minutos

Pasadas ya las presentaciones de Madrid y Zafra (con resúmenes disponibles en el Facebook de Duelos), el libro ha comenzado a hacer el camino para el que realmente fue concebido: solo, frente a los lectores que se adentrarán en sus páginas y ofrecerán el veredicto definitivo: si les gustó, consiguió implicarles u obtuvieron de él lecturas que puedan ayudarles en el tránsito de sus vidas. En el entretanto, algunos medios continúan reseñando la obra; en este caso se trata de la revista 'Diez Minutos'.



Y para los que se perdieron la llegada de Duelos y tienen interés en conocer las claves de la obra desveladas durante el acto en la Casa del Libro de la Gran Vía de Madrid, tenemos el vídeo con mi intervención, donde se desvelan algunas claves de la obra, así como ciertas curiosidades del proceso creativo de este libro.



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viernes, 13 de diciembre de 2013

En Periodista Digital y presentando en Zafra

Casi estamos presentando en Zafra (esta noche, 20 horas, en la Biblioteca Municipal) y nos encontramos con la agradable sorpresa de que los compañeros de Periodista Digital han reseñado Duelos. Que sirva para ir abriendo boca... V

jueves, 5 de diciembre de 2013

Presentación en Zafra y noticia en República de las Ideas

Pasó la presentación de Madrid, que fue concurrida y hermosa, como pudisteis ver en el FB de Duelos, y ya se acerca el encuentro con el Seminario Humanístico de Zafra. Allí estaremos la próxima semana, llevando esta literatura al lugar donde toda mi existencia tuvo su origen, al espacio de mi familia y amigos, a esa infancia en la que se pusieron las bases de todo lo demás. Para todos los que estéis allí, o tal vez podáis escapar ese día a disfrutar de un lugar tan acogedor, aquí os dejamos la invitación del acto que presentará el profesor y amigo Víctor Ruano. Y para entretener el tiempo hasta esa cita, una información sobre el libro aparecida en la página web de República de las Ideas. Nos seguimos viendo entre libros...
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